Libro Blanco del Envejecimiento Activo
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Libro Blanco del Envejecimiento activo

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Áreas temáticas


PROSPECTIVA Y TRANSVERSALIDAD
En las últimas décadas se viene hablando tanto del envejecimiento y de las personas mayores, en gran medida, por la evolución demográfica que presentan las sociedades occidentales. En todas ellas la estructura por edades de la población viene transformándose muy significativamente, puesto que la infancia y la juventud ceden peso relativo a los grupos de edad avanzada.

La población andaluza envejece, al igual que la española y la del resto de las sociedades occidentales, por dos razones magníficas. Una podría denominarse el "milagro de la supervivencia". Y la otra razón es el control de la natalidad.

Pero el envejecimiento constituye un fenómeno que debe analizarse más allá de su componente demográfico. Sabemos que la estructura de edades de la población andaluza, española y mundial se está transformando, pero tras constatarse el hecho, han de centrar la atención sobre las personas mayores. Lo que mostraremos en esta área son una serie de rasgos sociológicos que nos ayudarán a conocerlas mejor y a entender, analizando tanto aspectos estructurales como tendencias de cambio, los diferentes modos que existen de envejecer.


VIVIR CON SEGURIDAD
Gozar de un "minimum" de protección es imprescindible para la construcción de un eficaz concepto de envejecimiento activo. Y se entiende esa seguridad de forma poliédrica: seguridad jurídica y protección de derechos, seguridad económica, seguridad frente a los límites del entorno y seguridad frente a un adecuado tratamiento por los medios informativos y publicitarios de la imagen de las personas mayores. En un sostenido afán  por tratar todos los aspectos que gravitan sobre la vida diaria de las personas mayores se han realizado propuestas sobre la seguridad vial, sobre la discriminación por razón de la edad, sobre la protección del patrimonio familiar, sobre sus derechos como consumidores y consumidoras y ante hechos delictivos de los que puedan ser víctimas. Vivir con  seguridad es un postulado imprescindible para envejecer con calidad de vida.


VIVIR SALUDABLEMENTE
El envejecimiento activo es un recurso fundamental que ayuda a las personas y comunidades a alcanzar su potencial de calidad de vida y significación a lo largo de todo su ciclo vital y a participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades. Es, por lo tanto, aplicable a cualquier estado de salud y con cualquier nivel de autonomía.

Pero llegar a un estado de salud favorable y óptimo exige, no sólo medidas  iniciadas por los poderes públicos, sino también responsabilidad de la persona hacia el cuidado de su propia salud y la inserción participativa en la realidad social.

Vivir y mantenerse en condiciones saludables es un derecho constitucional de la persona y debe ser un objetivo a trabajar durante todo el ciclo vital. No habría que esperar a llegar a los 65 años para comenzar a cuidarse, si bien al llegar a esta etapa de la vida algunas actividades adquieren especial relevancia.

Como señala la Organización Mundial de la Salud, "para fomentar el envejecimiento activo es necesario que los sistemas sanitarios tengan una perspectiva del ciclo vital completo y se orienten a la promoción de la salud, la prevención de las enfermedades y el acceso equitativo tanto a una atención primaria como a una asistencia de larga duración de calidad". Además, los servicios de salud y los servicios sociales han de estar integrados y coordinados, a la vez que ser efectivos y rentables para conseguir mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.

Una política integral de envejecimiento saludable no puede obviar la influencia de los factores sociales sobre la salud en las distintas etapas del ciclo vital, atendiendo de forma específica a mujeres y hombres mayores de clases más desfavorecidas, donde se ha podido producir un efecto acumulativo de circunstancias adversas, incluso antes del nacimiento.


VIVIR PARTICIPANDO. INNOVACIÓN ASOCIADA AL ENVEJECIMIENTO, PARTICIPACIÓN Y RIQUEZA SOCIAL
Hay muchas formas de entender el envejecimiento activo pero todas ellas hablan de participación de un modo u otro. ¿Por qué? Porque envejecemos mejor si tomamos parte de forma activa en nuestro propio proceso de envejecimiento, es decir, si nos implicamos en la toma de las decisiones que van a afectar cómo envejecemos. La participación de la que hablamos es social y nos pone en relación con esas otras personas que también envejecen. Además, al calificar esta participación de activa queremos decir, entre otras cosas, que participamos para hacer algo al respecto de nuestro envejecimiento; y con nuestra participación activa aportamos lo que podemos -ideas, tiempo, experiencia, capacidades, críticas, etcétera- para mejorar nuestro envejecimiento y el del resto de conciudadanos. Participación y contribución al envejecimiento van aquí de la mano.

Dentro del marco del envejecimiento activo, esta participación activa es continua, se realiza durante toda la vida, a todas las edades, dado que nos desarrollamos y envejecemos mientras vivimos. Por tanto, tiene poco sentido hablar de una participación exclusiva de personas mayores para personas mayores y con personas mayores; es más apropiado fomentar la participación social a todas las edades y entre todas las edades para contribuir al buen envejecimiento de todas las personas a lo largo de nuestras vidas.

Por otro lado, hablamos de una participación diversa porque ni hay una única manera de envejecer activamente ni todas las personas sabemos, podemos y queremos participar del mismo modo.  A participar de este modo y a envejecer de modo activo se aprende; de ahí la importancia de formarse a lo largo de toda la vida para tomar parte en el proceso de envejecimiento. Envejecer bien es una tarea, un proyecto vital capaz de guiarnos, de dar sentido a lo que hacemos y de orientarnos en el logro de la felicidad.

La implantación del envejecimiento activo en Andalucía también nos exige innovar, en alguna medida, nuestras actuales formas de envejecer, de mirar el envejecimiento y de aprovechar el envejecimiento como reto y oportunidad para el desarrollo más humano, equilibrado y sostenible de nuestra Sociedad.


VIVIR FORMÁNDOSE. EDUCACIÓN A LO LARGO DE TODA LA VIDA
De una manera amplia se entiende por formación permanente la capacidad de aprendizaje que tienen las personas de todas las edades del ciclo vital y consecuentemente la aplicación de programas educativos a lo largo de toda la vida.

De una manera concreta, el aprendizaje permanente, ya sea de carácter formal o no formal, se puede definir como toda actividad útil, realizada de manera continua que tiene por objeto mejorar los conocimientos, las cualificaciones, las capacidades y las actitudes. 

El planteamiento anterior nos lleva a considerar que el reconocimiento del derecho a la educación y el derecho a aprender durante toda la vida, es hoy en día más que nunca una necesidad; es el derecho a leer y escribir, a indagar y analizar, a tener acceso a determinados recursos, y a desarrollar y practicar capacidades y competencias individuales y colectivas, siendo ésta una de las claves del siglo XXI.

 

 

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